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El domingo disfruté de la Feria del Libro de Tres Cantos

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Es cierto que hay ocasiones en las que da lo mismo el número de amigos que se tengan o se hagan, porque lo verdaderamente importante es la calidad de los amigos que uno se encuentra por el camino. El domingo, en la Feria del Libro de Tres Cantos tuve la suerte de conocer a Fabio, Irene, Inés y Diego, cuatro amigos geniales que son grandes lectores.

13055329_1532025623765721_8516074987536233643_nInés y Diego se llevaron un ejemplar de La Gran Aventura de Sir Wilfredo, comprado en el puesto de la Librería Serendipias, de Elena Martínez Blanco, mientras que Irene y Fabio se lo pensarán mejor. También hubo por allí muchos otros niños y niñas que miraban con curiosidad, así que, como la Feria dura hasta el día 24, es probable que también quieran conocer a Sir Wilfredo.

Quiero dar las gracias a Elena por invitarme, a los nuevos amigos que hice por saludar y pasarlo bien en nuestra compañía. A Nuria, por ayudarme a descubrir la fantástica Casa de la Cultura de Tres Cantos y sus magníficas exposiciones (me encantaron tres de los cuadros de la tercera planta y las ilustraciones de la planta baja). Y a todos los otros libreros, que fueron muy simpáticos y agradables.

Y, por cierto, os aviso, ya queda poco para que Serendipias abra sus puertas… yo no me la perdería en cuanto esté abierta, ¡vais a flipar!

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Sir Wilfredo en Leganés…

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…conociendo hermosas princesas

Ni el frío, ni la lluvia, ni el viento huracanado… nada puede evitar que un caballero acuda a una cita con una dama. Quizá por eso Sir Wilfredo me hizo correr tanto ayer por la mañana para llegar a tiempo a la última jornada de la 25ª Feria del Libro Viejo y de Ocasión que se celebraba en la Plaza Mayor de Leganés, junto a su estupendo (y moderno) ayuntamiento.

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El común de los mortales sí que suele encogerse un poco con los vientos huracanados, las lluvias y los fríos, quizá por eso no salieron de casa tanto como nos habría gustado y por eso pudimos conocer a menos amigos de los que conocimos, pero ir a lugares como estos y disponer de tiempo para hacerlo te hacen disfrutar de momentos mágicos y maravillosos.

Porque en esta jornada desapacible por fuera Wilfredo y yo regresamos a casa con la sensación de haber disfrutado de mucho calor por dentro. En primer lugar porque estuvimos junto a un buen puñado de amigos y amigas. Tuvimos la suerte además de coincidir con dos princesas, lo que hace que todo tenga mucho más sentido. Por la feria, además de otro montón de amigos estuvo la escritora Ana Coto con su nueva novela, “El Club de los kakamonstruos”, una historia fantástica que casi he terminado de leer y que me parece de lo más recomendable.

Pero lo mejor, sin duda, fue conocer a Paula, que tiene por sí sola una historia fantástica y que nos ayudó un montón a Ana y a mí (bueno, con deciros que nos dejó los bolis de colores que habían dejado en su casa los Reyes Magos…).

Podría contaros muchas cosas más de las que nos pasaron ayer mismo a Wilfredo y a mí (como que conté un secreto, súper secreto, en el programa especial que grabaron los amigos de El Búnker Z o que, lo mismo, hacemos algo con niños y radio en Leganés o que…), bueno, si queréis saber qué pasa en estos encuentros lo que tenéis que hacer es venir la próxima vez, que así no os perdéis nada de nada.

La búsqueda de Prit

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Prit estaba decidido, tenía que encontrar un dragón. Uno grande y fiero, lo más fiero y lo más grande que pudiese encontrar. Que los dragones no existiesen en Regdraconinsa desde hacía cientos de años o que hubiese incluso muchas personas que dudasen de si alguna vez habían llegado a existir en cualquier rincón de Telluón era algo que a él no le importaba. Iba a encontrar un dragón, necesitaba encontrarlo. Esa sería la única manera de salvar su aldea, de ahuyentar a los soldados que se habían escondido en ella y que utilizaban a las personas como querían. Aún le dolía la espalda por culpa de los latigazos que había recibido hacía dos noches por intentar escapar. Pero esa noche había elaborado un plan perfecto, algo que no podía fallar, iba a escaparse e iba a encontrar un dragón. Su madre, sus hermanos, sus amigos… todos necesitaban ese dragón, todos le necesitaban a él. Iba a conseguirlo.

Nadie más iba a ayudarles.

Aquella noche puso en marcha el plan. Sabía que si le cogían esta vez esos malvados soldados no se iban a conformar con darle unos latigazos… la pena por intentar escapar era mucho más grave, quizá… Prit dejó de pensar en lo que podría pasarle si le pillaban, no iban a cogerle, se iba a escapar. Y se escapó, vaya que se escapó. Él y todos los caballos, burros, cabras, vacas y ovejas de su aldea. Los matones estuvieron tan entretenidos atrapando a los animales que ni llegaron a pensar que el niño hubiese vuelto a escapar.

Prit estuvo caminando durante días. El agua y la comida se le acabaron muy pronto y tuvo que comer plantas que encontraba por el camino, una manzana medio picoteada que encontró en un manzano algo seco y alguna cosa mucho peor, pero al final todo eso se acabó. No tenía nada de comer. Los pies descalzos le dolían. Estaba tan cansado… y cuando se iba a rendir, cuando ya se decía que encontrar un dragón era algo imposible, cuando supo que su plan era una tontería y que su aldea estaba condenada para siempre, le vio. Allí estaba. Apenas a unos pasos por delante de él. Un dragón. Un dragón dorado y rugiente. En realidad no era más que un grabado en el escudo de un caballero, pero para Prit fue como encontrar al más grande de todos los dragones. Aquel hombre se llamaba Wilfredo y viajaba en busca del contrahechizo capaz de despertar a una princesa dormida por la magia lanzada por un dragón, ¡un dragón! ¡Existían!

Lo cierto era que Sir Wilfredo no parecía muy valiente ni demasiado fuerte, tampoco tenía mucha pinta de caballero a pesar de la armadura. Más bien parecía ser un hombre normal y corriente. Un chico muy joven con una misión de adulto. Sin embargo se las ingenió para derrotar a los malvados, liberar la aldea y reunir a Prit con su familia. Para Prit no hubo jamás u un héroe más formidable que aquel buen caballero que más bien parecía un hombre corriente, aunque sus ojos evidenciaban que tenía algo muy especial.

Años después Prit y Wilfredo se reencontraron. El niño era ya un joven aventurero y el caballero tenía menos apariencia de hombre corriente. Y viajaba a lomos de un dragón. Un dragón blanco y hermoso llamado Escarcha. Prit se convirtió en viajero y buscador, viajó por todo el mundo y encontró muchos dragones y liberó muchas aldeas gracias a su valentía, a su inteligencia y a su gran corazón pero ¿sabéis? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, sol quizá, algún día alguien os lo cuente.

Este pequeño texto con Wilfredo como secundario se leyó en Menudo Castillo el día 1 de abril de 2016.

Y el nombre de ese Dragón Blanco llamado ESCARCHA me lo regaló un niño durante mi visita al Colegio Público José Jalón de Navalcarnero. GRACIAS

Y el domingo 10, en Leganés

12923271_1043647409014223_1224698961076228216_nVamos a disfrutar de la 25ª Feria del Libro Antiguo, Viejo y de Ocasión, una fiesta librera que se celebra los días 2 y 3 de abril, además del 9 y el 10 y en el que, además de un montón de libros de toda clase estarán autores de Leganés (o allegados). A mí me hace muchísima ilusión estar por allí con Sir Wilfredo, porque viví en Leganés hasta los 15 años, hace mucho que no voy por allí a disfrutar de “mi pueblo”, aunque sea una ciudad grande. Así que será genial volver con unos años y kilos de más, además de con un libro bajo el brazo.

Tendré la suertaza de estar junto a mis amigos Carlos Arroyo, Ana Coto (aunque en el cartel la llamen Elena) y podré conocer a Carlos Cuadrado.

Estaré por allí desde las 12.00 hasta las 14.00 horas y seguro que Sir Wilfredo sale a pasear con su espada y su casco (a ver si para ese día me hago con un escudo).

¿Os vais a venir?

Wilfredo y los Ladrones

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Wilfredo miró a su alrededor y sonrió, estaba a punto de conseguirlo. Al final nada había resultado tan difícil como había pensado. Después de una noche viajando a través del bosque y de temblar cada vez que escuchaba un aullido lejano el sol finalmente había salido y el torreón al que se dirigía se oteaba ya a apenas un centenar de pasos bajos sus pies. Solo tenía que descender un estrecho sendero y llegaría las puertas del bastión en el que se cobijaba el puesto vigía al que le había enviado Sir Bilgen con una misión con la que había pretendido ponerle a prueba. Al recordar a su capitán Wilfredo palpó la bolsa que colgaba de su costado derecho y suspiró aliviado, la botella seguía intacta a pesar de su alocada carrera a través del bosque, iba a cumplir la misión y a aprobar el examen. Desde luego, nunca habría sospechado que ser caballero sería tan peligroso y aterrador. Atravesar un bosque en plena noche para acercarse a un pequeño castillete situado a varios kilómetros de Gray Castle no era algo con lo que hubiese soñado al inscribirse en la academia.

Wilfredo completoAhora que estaba a apenas unos minutos de su destino y que el regreso sería a plena luz del día el recuerdo de la noche sufrida en la arboleda no le parecía tan terrible como al atardecer, cuando había abandonado la fortaleza de Tedium con un nudo en el estómago y la sensación de estar siendo arrojado a una muerte segura y dolorosa. Sonrió para sí, aliviado, y aceleró el paso, seguro que en el pequeño torreón le recibirían con un buen desayuno, ya tenía hambre. Soñó con unas gachas o con un buen caldo, quizá acompañado de torreznos y un buen mendrugo de pan. Tedium no era un reino excesivamente rico o generoso, pero sí era un rincón de Telluón en el que se comía adecuadamente y se cuidaba a sus habitantes. No entraba nunca en guerras o contiendas extrañas y eso hacía que fuese un reino donde no se vivían penurias excesivas.

Wilfredo se dejó llevar por el paisaje, aunque él llegaba desde un punto algo más elevado el Torreón de los Vigías, como se llamaba aquel pequeño baluarte, estaba enclavado en una elevación que permitía contemplar kilómetros y kilómetros de distancia. Se decía que en días de buen tiempo y cielos claros era posible ver las montañas de la otra punta de Regensis, unas elevaciones gigantescas y misteriosas que en Tedium se conocían solamente por lo que contaban los juglares y los trovadores. Lugares remotos donde se decía que ocurrían historias extraordinarias, allí, más allá de las más altas montañas se erigía La Fortaleza de Ámbar, o eso recordaba Wilfredo de uno de los cuentos que había escuchado en su niñez. Un lugar en el que se vivían tantos peligros y aventuras como en las historias cantadas por los bardos. Antes de descender por completo, Wilfredo aguzó la vista intentando ver aquellas montañas. Sabía que nunca estaría allí y que ese puesto de vigías que permitían estar al tanto de la llegada de cualquier jinete con un par de jornadas de antelación sería lo más cerca que estaría nunca de aquellos reinos tan extraños y peligrosos.

Tras un par de minutos sin llegar a ver nada más allá de un lejano brillo que bien podría ser fruto de su propia imaginación Wilfredo descendió el sendero con mucho cuidado de no tropezar y romper la botella que llevaba al torreón. Una vez abajo se adentró en una arboleda de pinos piñoneros y pequeñas encinas achaparradas. De noche aquel lugar podría ser temible. Alrededor del camino se apreciaban los rastros de varias manadas de jabalíes que habían levantado la tierra y escarbado las lindes del camino, el muchacho se estremeció, por fortuna él no se había topado aquella noche con ninguna de aquellas bestias de mirada monstruosa y colmillos gigantes, esperaba no encontrarse jamás ante una de aquellas criaturas que poblaban la noche.

Wilfredo caminaba pensando en lo temible que sería toparse con un jabalí herido cuando escuchó un grito de auxilio, procedía del interior del bosque y era un grito de mujer, de eso incluso él estaba seguro. El corazón empezó a latirle a toda velocidad, un nudo mucho más profundo y fuerte que el de la noche anterior atenazó su estómago y un sudor frío empezó a correrle por la espalda. Su primera idea fue la de correr a la fortaleza a alertar a todos los que estaban allí de que algo estaba sucediendo. Imaginó a cien ogros destrozando los pinos con sus garrotes, mil trasgos correteando por el sueño con sus garras y miradas de odio… incluso un dragón se pasó por su cabeza justo en el instante en el que escuchó un segundo grito.

El instinto hizo que realizase un movimiento que, de haberlo pensando, era probable nunca hubiese realizado, corrió hacia el lugar del que llegaban los gritos. Y antes casi de darse cuenta estaba ante una escena que parecía surgida de una de sus pesadillas infantiles. Una mujer estaba siendo acosada por tres hombres que iban armados con espadas. Ladrones. Wilfredo lo supo enseguida, la vestimenta de aquellos hombres no dejaba lugar a dudas. La mujer estaba apoyada en un árbol e intentaba defenderse, huir… pero ellos se reían de ella, la empujaban y la quitaban cuanto tenía poco a poco. El muchacho, escondido tras una raíz especialmente grande vio que la mujer llevaba un par de cestas repletas de pan que los ladrones se habían empeñado en robarle, pero que una vez en poder de los panes también pretendían quitarle un colgante, a lo que la mujer se resistía con todas sus fuerzas.

-Por favor, es un recuerdo de mi abuela –gimió.
-Yo no conocí a la mía. Ninguno de nosotros lo hizo, ¿verdad? –se rió uno de los ladrones mientras intentaba acercarse a la mujer, que se defendía con uñas y dientes.
-Por favor… es lo único que me queda de ella. Llevaos todo lo demás, pero dejad que me quede con el colgante.
-¿Es que tienes algo más? –rugió otro de los bribones que acosaban a la mujer. Uno mucho más grande que los otros dos, vestido con una túnica roja.

Wilfredo sabía que no tenía nada que hacer frente a aquellos tres bravucones, aunque estaba seguro de que los custodios del torreón les harían temblar con su sola presencia. Él era solo un muchacho desarmado, solo tenía en sus manos un bastón que le había ayudado a realizar el camino y a sentirse ligeramente más seguro en su viaje. Le darían una paliza. Lo mejor que podía hacer era escabullirse hasta el castillete y avisar a los soldados. Ellos darían buena cuenta de aquellos bastardos. Empezaba a retirarse sigiloso cuando escuchó la bofetada y el llanto…

Y no lo pensó. Salió de su escondite y saltó sobre los tres ladrones. Sin saber por qué pensó que lo mejor sería intentar derribar al más grande de los tres y gracias al efecto sorpresa consiguió acercarse tanto como para golpearle en la cabeza con su bastón. Pero el ladrón ni se cayó ni quedó inconsciente. La madera se resquebrajó por la mitad y el tipo se giró y se encaró con Wilfredo. Su cara mostraba más sorpresa que dolor, pero al descubrir que un muchacho le había golpeado tras pillarle desprevenido el rostro del gigante se endureció. Sus dos amigos se reían abiertamente de él y eso provocó que la furia del ladrón creciese. Wilfredo reculó mientras esgrimía disculpas y su partido palito al mismo tiempo. Y salió corriendo con todas sus fuerzas, con la esperanza de llegar al castillete antes de que le alcanzasen.

Al ver que el niño corría, los tres ladrones olvidaron a la mujer, las cestas de pan y la medalla y salieron corriendo tras él. La mujer, sorprendida y aliviada, se perdió en el bosque sollozando y recuperándose del miedo sufrido. Se había librado de una buena.

Pero Wilfredo no se libró. Qué va. Como no podía ser de otra manera (si le conocieses bien lo sabríais, así como que había sido un milagro el que su botella hubiese llegado intacta al amanecer) tropezó y cayó al suelo. La botella se rompió y el líquido se derramó por el suelo. Los ladrones llegaron y empezaron a golpear a Wilfredo con todas sus fuerzas. Patadas, puñetazos, golpes, insultos, escupitajos… el muchacho se hizo un ovillo y rezó para que los golpes se acabasen lo antes posible, aunque lo que más le dolía era el no haber superado la prueba después de la noche sufrida en el bosque, nunca podría ser caballero…

Wilfredo no lo supo pero Anabell, la panadera, había aprovechado su huida para correr al torreón y avisar a los soldados de su intento de asalto y de que un muchacho estaba siendo perseguido por la Banda del Guante Rojo, un trío de ladrones que llevaba años cobijado en el Bosque robando a todo aquel que se topaba con ellos. El chico tuvo suerte, la guardia llegó y no solo acabó con sus golpes, sino que arrestó a los tres ladrones.

Horas después, acompañado por la joven panadera, Wilfredo, magullado y tristón llegó a Grey Castle, allí se presentó ante Sir Bilgen, sabiendo que había errado en su empeño y había suspendido su examen de inscripción. Jamás sería Caballero del Reino de Tedium ni entraría en la prestigiosa Guardia Real. No lloraba porque ya no le quedaban lágrimas.

Wilfredo entregó a Sir Bilgen la botella rota y agachó la mirada esperando una reprimenda, unas palabras de decepción o una despedida fría. Pero el capitán de Grey Castle se acercó a él, puso una mano en su hombro y le sonrió.

-Muchacho –le dijo- no solo has superado la prueba sino que has demostrado de qué madera estás hecho.
-Pero… pero… si yo, si la botella… -balbuceó Wilfredo que al pensar en madera solo podía recordar el bastón roto.
-La botella no es importante, ni lograr aquello que uno se propone. El verdadero héroe es aquel que pone todo su empeño en intentar realizar algo aunque tiemble de miedo al hacerlo. El que antepone el bienestar de los demás al suyo propio, el que se enfrenta a la noche aunque le aterre. Tú, Wilfredo, eres un héroe y con el entrenamiento adecuado, estoy seguro de ello, serás uno de nuestros caballeros más grandes.

Wilfredo miró a la luna. Habían pasado muchos años desde aquella aventura que le había hecho pasar tres días en cama con fiebre y golpes por todo el cuerpo. Ahora su vida era mucho más extraña que entonces y su búsqueda mucho más complicada. Llevaba semanas recorriendo Regensis en busca del hechizo que rompiese el sortilegio que mantenía a Johanna dormida. Él, que nunca había querido ser un héroe, tenía que rescatar a una princesa. Una princesa que, de no ser por la magia de un dragón, y de eso estaba seguro, estaría a su lado, demostrándole de nuevo que ella era la verdadera heroína y él, que ahora intentaba salvarla, un simple compañero de aventuras.

Pero nunca olvidaba a Sir Bilgen ni aquellas palabras que le dedicó, porque estaba aterrado, muerto de miedo, asustado como nunca antes lo había estado en toda su vida, pero seguiría luchando por Johanna. Esta vez esperaba que la botella no se le rompiese en el empeño.

Los héroes deben llevarse bien entre ellos…

IMG_1855O eso creo, así que al encontrarme con esta preciosa estatua del gran Félix Rodríguez de la Fuente abrazado a un lobo ibérico y al saber que es uno de los grandes héroes del Siglo XX de nuestro país y nuestro mundo… pues eso, que no pude evitar reunirle, aunque fuese solo por un par de minutos con Sir Wilfredo…

Por cierto, ¿te apetece jugar un poco?, ¿sabrías decirme dónde está esta estatua tan estupenda?

Un encuentro inesperado…

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IMG_1694Ayer estuve en un concurso de disfraces. Fue en la Urbanización El Encinar del Alberche, en Villa del Prado y aunque estaba por otros asuntos me vi muy sorprendido (y encantado) al ver por allí una bandera que me sonaba mucho… el caso fue que me topé con el mismísimo Sir Wilfredo de Montesquiau… fue estupendo.

La idea fue de la propia Rocío (la que va debajo del manto del caballero) y me dio una sorpresa ENORME. Además recibió el segundo premio.

Gracias Rocío, me hizo muchísima ilusión verte vestida de mi personaje favorito.

Un libro muy recomendable para una lectura escolar

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¿Qué tiene de bueno la lectura de “El Asedio de las Sombras”?

Hola, soy Javi, el autor del libro y me piden que os cuente que por qué creo que es interesante este libro para un lector en edad escolar… no creáis que es fácil esto porque yo no sé cómo escriben otros escritores pero yo solo sé escribir lo que me sale, no ando mirando que lo que escribo sirva para algo… seguro que me entendéis. Pero lo que sí he tenido que hacer (y mucho) es leer y releer esta historia, además de charlar con personas (y niños) que ya lo han leído y ¿sabéis qué? Creo que ya he averiguado el porqué creo que es interesante leer este libro si eres un alumno de 5º o 6º de primaria (además de porque este es un libro que se escribió mientras me aburría en clase un día… ¡ostras! Lo mismo esto no es bueno que lo sepan los profes ¿no? Sobre todo si son profes de matemáticas…)

A ver, por qué creo que es interesante esta lectura para vosotros (o para vuestros alumnos, que sé que esto lo leeréis los profes también, sí, los de matemáticas también, lo sé). Vamos a lo concreto, que me enrollo. Lo mejor de todo es que el libro es muy, pero que muy divertido, os lo vais a pasar muy bien y su protagonista… bueno, el que en teoría lo es, es un chico normal y corriente. No es demasiado fuerte, ni demasiado guapo, ni demasiado valiente… es una persona totalmente común, como tú y como yo… bueno, vale, más como yo que como tú, seguro que eres guapo, valiente y fuerte. Pero si no lo fueses (o no tanto como dice la tele que lo tienes que ser) te lo pasarías genial con el libro, porque te podrías ver reflejado en Sir Wilfredo, un chico que no tiene pinta de héroe pero que, y aquí está el asunto, termina intentando serlo, porque todos podemos hacer cosas extraordinarias, por corrientes que parezcamos.

Además el libro fomenta la igualdad (la verdadera heroína de la historia es una chica, aunque no lo parezca al principio), es un canto contra la guerra y contra el racismo, fomenta la colaboración y nos hace aprender algunas cosas (sí, sí, lo hace) mientras nos echamos unas risas. Si leéis este libro (y termina por gustaros) tendréis la suerte de que quedarán más historias por leer de este héroe tan peculiar y podremos quedar para charlar, porque me encanta hablar con niños y niñas (soy locutor, vamos, que hablo por la radio y tengo un rollo…). ¡Ah! Y os lo presentamos con un taller… divertidísimo y estupendo, porque esa es otra, podemos ir un día para presentar el libro con un taller y otro para cuando ya lo hayáis leído (no me digáis que no es estupendo).

Más cosas… bueno, lo de los dragones y las princesas está algo pasadillo, ya no queremos héroes… pero ¿es eso verdad o seguimos disfrutando en grande con caballeros andantes modernos que se dejan la piel para defender a los débiles? Lo mismo miráis para otro lado y hasta silbáis con disimulo, pero estoy seguro de que a casi todos vosotros os gustan los Vengadores, ¿a que sí? Pues esos son los caballeros andantes modernos, que lo sepáis. E incluso los hay que son más reales y de verdad, pero eso os lo contaré el día que vaya a veros (si os cuento todo hoy ¿para qué voy a ir a veros?).

Y si os puedo decir algo más… bueno, se lee muy fácil, tiene unas ilustraciones tremendas y geniales de Santiago García-Clairac, la editora es majísima y… venga, un detalle para profes, os puede ayudar a hablar de “Don Quijote de la Mancha”. Sí, porque podéis hacer un paralelismo entre caballeros pero además, ¡¡porque Don Quijote, Sancho Panza y Rocinante salen en este libro!! Sí, no es una broma, son los protas de un capítulo entero.

En fin, que creo que es un libro más que recomendable para lectores desde los 10 años (y desde los 9 si es muy buen lector) y que los chicos y chicas que lo lean lo van a pasar muy bien leyéndolo, podemos aprender leyendo esto (o no), pero estaremos haciendo lectores, ¿hay algo más estupendo?

En el CEIP Santo Ángel de la Guarda de Chapinería

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Otro día de fiesta entre amigos

Pues sí, nos fuimos también a visitar a los amigos de Chapinería y charlamos con ellos sobre CABALLEROS ANDANTES, dragones y héroes reales. Esta vez también se vino Santiago y dejó para la biblioteca del cole una fantástica ilustración de Sir Wilfredo (no se lo digáis a nadie, pero recibió ayuda de una de las alumnas, que dibuja muy bien y quiso echar una mano para el acabado del dibujo).

Además, como estuvimos de charla, hicimos algunas preguntas… y obtuvimos algunas respuestas, claro.

Preguntamos “¿qué es un libro?” Y nos dijeron…

“Una tele con hojas” – Erik

“Una historia que ha querido contar alguien en papel” – Amanda

“Un cachito de cartón con páginas y letras” – Miguel

“Una cosa con hojas donde puedes expresar tu imaginación” – Ángel

“Un objeto donde cuentas algo que imaginas o que te ha pasado en realidad” – Eneko

“Una forma de expresar ideas por escrito” – Iñaki

“Imaginaciones de una persona que luego enseña a los demás” – Raquel

“Una historia que mientras la lees te permite imaginar lo que te están contando” – Mohamed

“Un objeto con hojas escritas llenas de información, personajes inventados” – Claudia

“Un libro es una puerta a la imaginación” – Aitor

Molan ¿eh? ¿Te gustaría contarnos qué es para ti un libro? Hazlo, escríbenos a lasaventurasdesirwilfredo@gmail.com y cuéntanoslo.

En el CEIP Río Alberche de Pelayos de la Presa

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Divirtiéndonos entre Caballeros y Princesas

Quizá lo más divertido y emocionante de todo esto de escribir un libro para niños y jóvenes es lo de poder ir a coles e institutos a charlar con todos vosotros y conoceros en persona, vamos, yo creo que es lo mejor. Así que, en cuanto he podido, pues ¡hala! Hemos llevado a Sir Wilfredo a un cole.

Fue el martes, 16 de junio, en el Cole Río Alberche, de Pelayos de la Presa. Allí compartimos una estupenda mañana con los niños y niñas de 4º, 5º y 6º de Primaria, aprendimos qué es un CABALLERO ANDANTE, para qué valen y cómo podemos convertirnos en uno… y ¿sabéis qué? En Pelayos hay más de una docena de estupendos caballeros….

Fue genial. Espero volver muuuuy pronto a Pelayos de la Presa.

Javi